Por Inés Saiz

 

Al celebrarse el Día Mundial Contra la Desertificación y la Sequía, es necesario poner atención a las medidas por tomar para neutralizar la degradación de las tierras y alertar a la humanidad acerca de la transformación y degradación de la Tierra, que ocurre a un ritmo insostenible y afecta de manera directa a los ecosistemas y a la biodiversidad.

 

El tema este año es “Alimentos. Forrajes. Fibras”, y su objetivo principal es entrelazar el consumo de los humanos con la salud del suelo. Busca llamar la atención acerca de la incesante producción y consumo de la humanidad. Por ejemplo, la producción de ropa y calzado genera el 8% de las emisiones de gases invernadero a nivel global.

 

La desertificación –la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas– ocurre principalmente por acciones humanas y variaciones climáticas. Este fenómeno ocurre como consecuencia de la vulnerabilidad de los ecosistemas y la sobreexplotación de la tierra por los humanos.

 

Otros factores que afectan de manera negativa la productividad del suelo son la deforestación, el sobrepastoreo o la inestabilidad política. Por ello, es fundamental concientizar a la población sobre las medidas que pueden tomar de manera individual para frenar este fenómeno y reducir su impacto ambiental.

 

La situación mundial:

  • Más de 2,000 millones de hectáreas de tierras antes productivas se encuentran degradadas.
  • En 2030, la producción de alimentos requerirá otros 300 millones de hectáreas de tierra.
  • Se ha transformado el uso de más del 70% de los ecosistemas naturales. En 2050, la cifra podría alcanzar el 90%.
  • Se prevé que, para el 2030, la industria de la moda explote más de 115 millones de hectáreas adicionales, un aumento del 35% de la cifra actual.

 

Con información de: Naciones Unidas.