Por: Alejandra Fosado / Creadora de Visionarios2030 y Fundadora de Link Prensa

La manifestación mundial a favor del Medio Ambiente #FridaysForFuture estuvo integrada principalmente por niños y jóvenes que levantaron la voz para pedir acciones concretas a los líderes mundiales.

Cuatro millones de personas fueron a la marcha el pasado viernes 20 de septiembre, pero los que tenemos hijos menores de 18 sabemos que esos niños y jóvenes están por todos lados: son los preescolares a los que les encantó hacer su propio “Furky” -el personaje de Toy Story 3- con materiales reciclables; el niño de 10 que regaña a su mamá por tirar basura en la carretera, la multi nombrada Greta Thunberg, y los cientos de jóvenes del movimiento #NoFutureNoChildren que se han comprometido a no tener hijos hasta que los gobiernos puedan asegurar un mejor futuro. Ellos son sólo algunos ejemplos de la tribu que conforman las personitas en edad escolar: los Centennials.

Los patos le tiran a las escopetas por una razón más que válida: quienes estamos a cargo de ellos no estamos solucionando eficientemente los problemas ambientales, sociales y económicos. Los niños y jóvenes no sólo quieren cambiar al Mundo, sino que saben que van a tener que averiguárselas para recomponer nuestro desastre. Son la generación del ahorro, de la economía colaborativa y del desarrollo sustentable, porque nacieron justo cuando los recursos naturales se están agotando.

Estoy convencida de que una de las brechas más importantes entre generaciones es el lenguaje, la forma de comunicarnos. Cómo podemos escucharlos o generar una conversación si hablamos desde diferentes ángulos, perspectivas, paradigmas y anhelos.

Si nos ponemos pragmáticos podemos resumir lo siguiente: los Baby Boomers (50 a 68 años) quieren estabilidad en el trabajo y su tema de conversación son las “noticias” de los viejos políticos; los incentivos de la Generación X (36 a 49 años) siguen siendo económicos y materiales; los Millenials (18 a 35 años) están emprendiendo; y los Centennials, que aún no salen de la escuela, ya están pensando en el futuro del Mundo para sobrevivir: se preocupan por las personas y por el Planeta.

Sobran las encuestas que muestran la poca credibilidad que tienen los políticos sobre todo entre las nuevas generaciones. Ya no ven la “tele” y casi no leen noticias: han perdido el interés. Y cómo no hacerlo si los políticos de siempre sólo hablan de sí mismos y sus logros; por más que lo intentan no logran poner los problemas de personas de carne y hueso en el centro de la conversación. Los chavos ya no quieren otro discurso inspirador, quieren acciones concretas con planes y objetivos claros, con fechas y plazos que se cumplan.

Con los cambios en las dinámicas de trabajo y la emergencia medioambiental prevista por la ONU para 2050, Simón Pérez, el Premio Nobel de la Paz y dos veces Primer Ministro de Israel, tiene razón cuando dice que “para ser un ‘experto’ del futuro es necesario tener más visión que experiencia”.

Para mover a las nuevas generaciones necesitamos visionarios que puedan mostrarles el final del camino y expresarlo visualmente. Se agotaron las propuestas de campaña vacías y los slogans ingeniosos, si no van acompañados de un puerto al que llegar.

Los países de la ONU establecieron 17 objetivos para transformar al Mundo en 2030. Tenemos en ellos una agenda con la cual empezar a darle forma a nuestras acciones.