Por: Liliana Padilla

 

La esclavitud se ha manifestado de diferentes formas a lo largo de la historia. Contrario a la creencia común, no es una reliquia del pasado, sino una realidad que persiste tanto en sus formas tradicionales como en nuevas modalidades.

La esclavitud moderna abarca prácticas como el trabajo forzoso y el infantil, la servidumbre doméstica o por deudas, el matrimonio forzado, la trata de personas con fines de explotación laboral o sexual, y el reclutamiento forzoso de niños en conflictos armados. Con ella, se hace referencia a situaciones en las que una persona se encuentra privada de su libertad mediante amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) más de 40 millones de personas en el mundo son víctimas de la esclavitud moderna. Alrededor de 25 millones de ellas realizan trabajos forzados (16 millones en los sectores doméstico, de la construcción o de la agricultura; 5 millones son víctimas de la explotación sexual forzada; y poco más de 4 millones realizan trabajo forzoso impuesto por el Estado). 15 millones de ellas se encuentran en matrimonios forzados (más de una tercera parte de las víctimas eran niñas al momento del matrimonio). 1 de cada 4 víctimas son niñas y niños; mientras que mujeres y niñas representan 71% de las víctimas.

Además, alrededor de 88 millones de niños y 64 millones niñas (152 millones en total) están sujetos a trabajo infantil. El mayor número de niños víctimas del trabajo infantil se encuentra en África, seguido por Asia y el Pacífico, las Américas, Europa y Asia Central y los Estados Árabes.

António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, aseguró que los grupos pobres y marginados como las minorías raciales y étnicas, los pueblos indígenas, los migrantes y las mujeres se ven afectados de manera desproporcionada por las formas contemporáneas de esclavitud.

En su mensaje, el Secretario General recordó la Declaración y el Programa de Acción de Durban, un documento integral y orientado a la acción que “define la esclavitud y las prácticas análogas a la esclavitud como violaciones flagrantes de los derechos humanos… no podemos aceptar esas violaciones en el siglo XXI”.

Por su parte, el Papa Francisco, una voz constante para la erradicación de las formas modernas de esclavitud, declaró que: “Hoy, como en el pasado, la esclavitud tiene sus raíces en una noción de la persona humana que permite tratar a las personas como un objeto, pisotea su dignidad. La esclavitud nos hace ‘indignos’ porque pisotea la dignidad de todos”.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no podrán ser alcanzados si no se intensifican drásticamente los esfuerzos para eliminar la esclavitud. En este sentido, el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, que se conmemora cada 2 de diciembre, representa una oportunidad para concientizar a la población mundial sobre la persistencia de esta práctica abominable.

 

Fuente: Naciones Unidas y Vatican News.

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