Por Liliana Padilla 

Desde septiembre del año pasado, los incendios forestales se han extendido en diversas regiones de Australia tras un período de sequía extrema y temperaturas récord, a pesar de que apenas es el inicio del verano en la región, y han provocado incrementos alarmantes en los niveles de contaminación en diversas ciudades.

Se estima que, a la fecha, se han quemado más de 10 millones de hectáreas de bosques, principalmente en los estados de Nueva Gales del Sur y Victoria, aunque no existe una cifra oficial por parte del gobierno. Decenas de personas han muerto, miles de edificios han sido destruidos y más de mil millones de aves, reptiles y mamíferos han perecido.

La calidad del aire en todo el país también se ha visto afectada. Al comenzar el nuevo año, la ciudad de Canberra, capital de Australia, registró la peor lectura de calidad del aire del mundo, con 3,463 puntos, mientras que un nivel de 200 puntos es considerado peligroso. El suburbio de Monash mostró niveles en 4,650 y Florey estaba en 3,508.

 

El impacto del cambio climático en los incendios forestales

De acuerdo con Nerilie Abram, científica del clima de la Universidad Nacional de Australia, el cambio climático está provocando que los incendios forestales australianos sean más frecuentes y de mayor duración. Si bien los incendios forman parte del ciclo natural del clima en Australia, los científicos ya habían advertido que el cambio climático contribuiría a intensificarlos.

Un estudio independiente del año 2008 liderado por el economista Ross Garnaut sobre los posibles efectos del cambio climático en Australia ya había advertido que, de no reducirse las emisiones de carbono, el creciente calentamiento global provocaría temporadas de incendios que iniciarían antes, finalizarían de manera tardía y serían más intensas. El estudio estimaba que los efectos podrían ser observables para el año 2020.

De acuerdo con datos del Servicio Meteorológico de Australia, la temperatura promedio en 2019 fue de 1.52°C por encima del promedio del periodo 1961-1990; mientras que el promedio de lluvia a nivel nacional fue de 277 mm, muy por debajo del récord de 314 mm del año más seco establecido en 1902. Sin embargo, las métricas del pasado diciembre serán consideradas “normales” en un mundo entre 2.5 y 3°C más caliente (la temperatura a la que llegaremos en un futuro próximo de no tomarse las medidas necesarias).

Por si esto no fuera poco, algunos investigadores también han estudiado la manera en que los incendios contribuyen al cambio climático, creando un círculo vicioso. En los últimos tres meses, los incendios forestales han generado cerca de dos tercios de las emisiones anuales de CO2 de Australia. Podría tomar un siglo que los bosques reabsorban las emisiones generadas durante este periodo.

 

Otros factores que contribuyen a los incendios

Si bien la correlación entre fenómenos naturales cada vez más extremos y el cambio climático ocasionado por la acción humana es científicamente indiscutible, existen otros factores que han contribuido a esta temporada de incendios en Australia, como la disminución de las precipitaciones por una tendencia del Modo Anular del Sur (SAM); el patrón climático Dipolo del Océano Índico, así como el impacto negativo de los fuertes vientos que han avivado las llamas y esparcido el humo.

 

El impacto político de los incendios

La catástrofe ambiental provocada por la actual temporada de incendios ha puesto en el centro del debate el cambio climático, y cada vez más australianos esperan que el gobierno tome medidas nacionales y mundiales para detener su aterrador avance. Sin embargo, de acuerdo con Climate Action Tracker, con base en las políticas actuales, las emisiones australianas aumentarán en un 8% para 2030, con lo que no cumplirían los objetivos del Acuerdo de París.

Las críticas a la respuesta del gobierno australiano han sido generalizadas. Se ha cuestionado la postura del Ministro de Energía, Angus Taylor, quien declaró que Australia –una de las naciones con niveles más altos en emisiones de CO2 per cápita– no puede generar un impacto sin que China e India hagan lo mismo. Taylor también aseguró que los esfuerzos de la ONU por que las naciones enfrenten el cambio climático fracasarían ya que «en la mayoría de los países no es aceptable aplicar políticas de reducción de emisiones que aumentan sustancialmente el costo de la vida, destruyen empleos e impiden el crecimiento».

Además, en un reporte, la NASA dio a conocer que, de acuerdo con un recorrido realizado por el satélite Suomi NPP, el humo de los incendios dio la vuelta a la Tierra y regresó a las zonas afectadas del país.

 

Una amenaza constante

A pesar de que las temperaturas bajaron esta semana, el gobierno australiano ha advertido que la amenaza de incendios forestales está lejos de haber terminado. Al menos 145 incendios continúan ardiendo en los estados de Victoria y Nueva Gales del Sur (NSW), si bien se pronostica lluvia generalizada para las áreas afectadas por incendios en la costa para mediados de la semana.

Los incendios en Australia han representado el fin sombrío de un año que vio incendios inusualmente grandes propagarse en países como Brasil, el Congo o Indonesia. Sin embargo, los científicos advierten que éste podría ser solo el inicio de lo que le espera al mundo si continúa el calentamiento global como como consecuencia de la actividad humana.

 

Con información de Carbon Brief, The Guardian, Climate Council Australia y Reuters.