Por Inés Saiz
El Día Mundial de la Alegría fue instaurado en 2010 por iniciativa del colombiano Alfonso Becerra en un Congreso de Gestión Cultural celebrado en Chile, celebrándose cada 1 de agosto. Este día sirve para recordar a todos la importancia de este sentimiento en la vida de las personas y buscar generar cambios para estar lo más satisfechos posibles son su alrededor.

Expertos psicólogos definen a la alegría como una emoción pasajera que se manifiesta por medio de la risa o la sonrisa, aunque se ve expresada de manera distinta en todas las personas. Es una emoción subjetiva, ya que lo que hace a alguien “ser feliz” depende de a quien me estés preguntando.

Las personas felices rinden más y superan dificultades con más frecuencia que otras. La felicidad se expande de manera exponencial, por lo que las personas deben buscar compartir la suya con los demás para crear un mundo mejor para todos.

Es muy fácil esperar que todos busquen salir adelante dentro de sus propios problemas. Sin embargo, hay que reconocer que no todos tenemos el mismo privilegio y hay personas que no viven de la misma manera que gente de nivel socioeconómico alto.

“Estar feliz con lo que tienes es posible y admirable, siempre y cuando sea parte del supuesto que surge de decisiones individuales. Necesitamos un piso parejo de oportunidades para poder hacerlo. Las fallas sistémicas a nuestro alrededor son tremendas, no tenemos por qué ser siempre felices o estar en paz con abusos, acosos, corrupción y lo que puedas agregar a la lista. Debemos dejar de fetichizar la felicidad”, reflexiona el ensayista Raúl Bravo.