Por: Liliana Padilla

 

La pandemia de coronavirus ha transformado el mundo en el que vivimos en los últimos meses, desencadenando lo que podría considerarse como la peor crisis de salud pública en un siglo y la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

En un mundo cada vez más urbanizado y globalizado, las ciudades se han convertido en epicentros del Covid-19. En este sentido, el World Cities Report 2020 del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (UN-Habitat) considera que las ciudades bien planificadas, gestionadas y financiadas crean comunidades resilientes capaces de recuperarse de los efectos devastadores de las pandemias, mejorar la calidad de vida de sus residentes y combatir la pobreza, la desigualdad, el desempleo, el cambio climático y otros desafíos mundiales apremiantes.

Con el inicio de la Década de Acción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030, es fundamental que los gobiernos a todos los niveles ejecuten programas y estrategias a favor de una urbanización sostenible. Dicho Informe proporciona un análisis sobre el valor de la urbanización desde una perspectiva económica, social y ambiental; además de explorar el papel de la innovación y la tecnología, así como de la inversión y de la aplicación efectiva de la Nueva Agenda Urbana para impulsar la urbanización sostenible.

 

Mensajes Clave del Informe sobre Ciudades del Mundo:

  1. La implementación de la Nueva Agenda Urbana (New Urban Agenda) debe ser una prioridad mundial: ONU-Hábitat ha trabajado en herramientas y métodos para orientar a los gobiernos nacionales y locales, al sector privado y a la sociedad civil acerca de la manera de crear un marco para ciudades bien planificadas, gestionadas, gobernadas, reguladas y financiadas.
  2. Las ciudades y suburbios bien planificados pueden frenar el uso excesivo de tierra: los regímenes de zonificación flexibles en consonancia con el medio socioeconómico, así como los permisos de construcción y los planes maestros, son algunos de los instrumentos normativos que las ciudades pueden adoptar para hacer frente a la dispersión. Si bien las ciudades deben aumentar su huella en el entorno construido para dar cabida a las poblaciones en crecimiento, este fenómeno no debe ser desproporcionado.
  1. Las ciudades pueden responder a la amenaza permanente del cambio climático con medidas locales: las ciudades generan el 70% de las emisiones mundiales de carbono y consumen dos tercios de la energía mundial. Las zonas urbanas que han adoptado usos de la tierra compactos y mixtos son capaces de reducir las tasas per cápita de uso de recursos y de emisiones de gases de efecto invernadero. Las zonas urbanas pueden beneficiarse de los ecosistemas incorporando soluciones naturales como la captación de carbono y agua de lluvia, la regulación del clima local o la purificación del agua y el aire.
  1. Las ciudades de acogida deben integrar a los migrantes para estimular la diversidad, la prosperidad y el espíritu empresarial: el crecimiento de la población urbana no significa que las poblaciones nativas sean excluidas del mercado laboral. Los migrantes no deben verse una carga sino como una oportunidad para las ciudades, al aportar aptitudes, herramientas, perspectivas, vitalidad cultural, espíritu empresarial y capital que, en última instancia, cre más oportunidades para todos.
  1. La lucha contra la desigualdad urbana y la vivienda inasequible siguen siendo prioridades urgentes: las ciudades no podrán ofrecer oportunidades si los trabajadores no ganan salarios dignos que les permitan acceder a una vivienda adecuada. Los marcos reguladores deben modificarse para permitir a los citadinos ser propietarios de sus viviendas o pagar alquileres asequibles. Algunas de las políticas públicas en este sentido son el aumento de la oferta cuando hay un déficit de viviendas, la subvención del acceso a la vivienda formal y la regulación de los mercados de la vivienda para impedir la actividad especulativa indebida.
  2. La pandemia por Covid-19 no significa el fin de las ciudades: a pesar de los temores de que la densidad urbana está correlaciona con la propagación de la enfermedad, la capacidad ciudades como Seúl, Singapur, Tokio e Nueva York de controlar el virus ha sido alentadora. Estudios recientes han concluido que el principal culpable es el hacinamiento y no la densidad. En las zonas urbanas, evitar el hacinamiento y mantener niveles aceptables de higiene en casas, tiendas, oficinas y transporte público es crucial. En los asentamientos informales, los gobiernos locales deben trabajar para proporcionar una infraestructura de saneamiento a fin de mitigar el riesgo sanitario.

 

Fuente: ONU Hábitat.

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