Por: Liliana Padilla

Desde que fueran utilizadas de manera masiva durante la Primera Guerra Mundial, resultando en más de 100,000 muertes y un millón de víctimas, el uso de las armas químicas se ha considerado tabú y contrario a las leyes de la humanidad y a los dictados de la conciencia pública.

Después de la Segunda Guerra Mundial y con el advenimiento del debate nuclear, varios países llegaron a la conclusión de que el valor de tener armas químicas en sus arsenales era limitado, mientras que la amenaza que suponía la disponibilidad y la proliferación de esas armas hacía deseable una prohibición general.

Sin embargo, los esfuerzos para eliminar estas armas de destrucción masiva a nivel global no se concretaron hasta 1993, con la aprobación de la Convención sobre las Armas Químicas que determinó por el bien de la humanidad excluir completamente la posibilidad de emplear armas químicas, entrando en vigor el 29 de abril de 1997.

Los Estados Partes en la Convención establecieron la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas para lograr su propósito, asegurar la aplicación de sus disposiciones y proporcionar un foro para consultas y colaboración entre los Estados.

De acuerdo con el reporte Securing Our Common Future, An Agenda for Disarmament de Naciones Unidas, el 96% de los arsenales declarados de armas químicas del mundo ya han sido destruidos bajo verificación internacional. Sin embargo, varios Estados siguen sin adherirse a la Convención sobre las armas químicas. Y, lo que es más grave, las normas contra las armas se han puesto en entredicho en los últimos años por su uso reiterado –y hasta ahora con impunidad– en el contexto del conflicto en la República Árabe Siria, así como en intentos de asesinato en Malasia y Reino Unido.

Cada 30 de noviembre el Día de Conmemoración de Todas las Víctimas de la Guerra Química es una oportunidad para rendir homenaje a las víctimas de la guerra química y reafirmar el compromiso de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) con eliminar este tipo de armas, promoviendo así las metas de la paz, la seguridad y el multilateralismo.

 

Fuente: Naciones Unidas.

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