Por Liliana Padilla

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Día Mundial de la Población en 1990 para generar la conciencia sobre temas relacionados a la población, incluidas sus relaciones con el medio ambiente y el desarrollo.

 

Este año se celebra en el contexto de la crisis del COVID-19, que ha tenido un gran impacto en personas, comunidades y economías de todo el mundo, pero que no ha afectado a todos por igual: las mujeres, que representan la mayor parte del personal sanitario de primera línea, están desproporcionadamente expuestas al coronavirus. Ellas trabajan además en su mayoría en mercados laborales informales (casi el 60% en todo el mundo) y se verán más afectadas por el impacto económico del COVID-19.

 

Además, con los sistemas de salud saturados con el coronavirus, la atención de salud sexual y reproductiva está siendo marginada. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) estima que 47 millones de mujeres en 114 países de ingreso bajo y mediano no podrán utilizar anticonceptivos modernos si las medidas de confinamiento y afectaciones continúan, lo que resultaría en 7 millones de embarazos no deseados. También se estiman 31 millones más casos de violencia de género.

 

En este sentido, António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, ha invitado a “defender la atención de la salud sexual y reproductiva, proteger la salud y los derechos de las mujeres y las niñas y poner fin a la violencia de género. Aunque la pandemia ha hecho que nuestra labor sea mucho más difícil, debemos vencer en este empeño.”

 

La pandemia ha profundizando las desigualdades y amenaza con retrasar a los países en sus esfuerzos por no dejar a nadie atrás, por lo que la respuesta al COVID-19 es crítica y determinará qué tan rápido se recupera el mundo y si será posible cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible con miras al 2030.

 

 

Con información de: Naciones Unidas