Por Inés Saiz

 

Alrededor de 159 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe se han visto afectados por el confinamiento ocasionado por la pandemia del Covid-19, lo cual representa un 95% de los alumnos matriculados en la región.

 

Respecto a la educación superior, las clases a distancia han representado una serie de retos para docentes y estudiantes. Las clases presenciales fueron descartadas de un día para otro, obligando a reestructurar las formas de transmitir y recibir aprendizaje. En un mundo globalizado y en cambio constante, los maestros y maestras reconocen que la educación será distinta a la que se conocía en el mundo pre Covid-19. ¿Será éste el parteaguas para cuestionar las formas de educar y el material que se les transmite a los estudiantes?

 

En esta nueva situación, un aspecto importante es el conocimiento que se debe transmitir a los estudiantes para enfrentar el futuro mundo laboral. Las generaciones que serán afectadas de manera directa son las llamadas “Z” y “Alpha”. Según un reporte de Tecnología Dell, el 85% de los trabajos que existirán en 2030, y que serán ocupados dichas generaciones, todavía no existen. Esto requiere de un cambio en el aprendizaje actual.

 

La tecnología será un aspecto clave en la educación en adelante. Es inevitable que ciertos aspectos de la vida escolar se adapten a las nuevas modalidades, por cuestiones de eficiencia y practicidad.

 

Una posibilidad es que se promueva una modalidad de aprendizaje híbrido, en donde los estudiantes asistan en tiempo parcial a sus centros educativos, mientras que el resto de sus actividades las realicen a distancia. El contacto humano se valorará más que nunca, tomando en cuenta el privilegio que será convivir con profesores y compañeros de clase.

 

Hay quienes se oponen al aprendizaje a distancia, ya sea porque consideran que los estudiantes aprenden mejor en la modalidad presencial. Sin embargo, se debe considerar las capacidades que podrán generar los estudiantes al estar conectados con el resto del mundo.

 

Al vivir en un mundo dominado por la tecnología, la única forma de garantizar el acceso universal a la educación será reducir la brecha digital, por lo que será indispensable invertir en mejorar las competencias digitales, en infraestructura, acceso y seguridad digital. Las futuras generaciones deben contar con las mismas oportunidades en este aspecto para que la tecnología sea un derecho y no un privilegio.

 

Con información de: UNICEF, Inside Heigher Education y World Economic Forum.