Por Liliana Padilla

 

El pasado 25 de mayo, el ciudadano afroamericano George Floyd fue arrestado por la policía de Mineápolis, lo que resultó en su muerte, tras ser inmovilizado en el suelo y asfixiado por un policía. Testigos del suceso lo escucharon decir “I can’t breathe” (no puedo respirar) al menos once veces, frase que se ha convertido en el lema de las protestas en contra de la brutalidad policíaca que se han extendido a una escala sin precedentes en los últimos cincuenta años, poniendo a Black Lives Matter en el centro de la actualidad norteamericana y del mundo.

 

Surgido en el 2013, el movimiento fue fundado por tres líderes de la comunidad afroamericana: Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi. De acuerdo con Garza, Black Lives Matter va más allá de las matanzas extrajudiciales de personas afroamericanas a manos de la policía: “Estamos hablando de las formas en que los afroamericanos se ven privados de sus derechos humanos básicos y de dignidad. Es un reconocimiento de la pobreza afroamericana; de que la mitad de las personas en prisiones o cárceles son afroamericana; y de que esto es un acto de violencia de Estado”.

 

¿Por qué “Black Lives Matter” y no “All Lives Matter”?

Detractores del movimiento han criticado el lema, señalando que “todas las vidas importan”, no sólo las de personas afroamericanas. Sin embargo, de acuerdo con el investigador David Theo Goldberg, la frase “All Lives Matter” refleja “desprecio racial, ignorancia y niega la realidad del racismo estructural latente en Estados Unidos”. En tanto, Barack Obama, expresidente de EUA, considera que “Black Lives Matter” no sugiere que otras vidas valgan menos, “sino más bien, que hay un problema específico que está sucediendo con las vidas de los miembros de la comunidad afroamericana que no está ocurriendo en otras comunidades”.

 

Las protestas se extienden a otras ciudades del mundo

A finales de mayo pasado, se reportaron protestas en Londres y otras ciudades de Reino Unido, en Berlín, Alemania y en Toronto, Canadá, donde miles salieron a la calle a denunciar las muertes de George Floyd y Regis Korchinski-Paquet, mujer afroamericana fallecida al caer desde su balcón mientras se encontraba sola con la policía. El pasado 2 de junio, más de 20,000 personas protestaron en París, Francia, reclamando el fin del racismo y de la impunidad en el caso de Adama Traoré, joven de 24 años que murió en la estación de policía de un suburbio parisino dos horas después de ser arrestado en julio de 2016.

 

¿Qué ha cambiado en 2020 con respecto al 2013?

La muerte de George Floyd a manos de la policía llegó en un momento crítico en EUA y el mundo: la pandemia por Covid-19, que ha afectado de manera desproporcionada a las comunidades afroamericana y latina y que ha influenciado las protestas por parte de la sociedad estadounidense. Los norteamericanos se han resguardado en sus casas, han lidiado con seres queridos enfermos y han experimentado miedo y preocupación sobre lo que les depara el futuro. Millones han perdido sus empleos. Y un número importante de ellos considera que el gobierno no ha aplicado un plan de acción integral para enfrentar la pandemia. Las desigualdades raciales también se han hecho evidentes: de las poco más de cien mil personas fallecidas hasta ahora, cerca de un tercio han sido afroamericanos, aunque ellos representan únicamente el 13% de la población (Fuente: APM Research Lab).

 

En entrevista para el New York Times, Opal Tometi, cofundadora del movimiento, asegura que, si bien la preocupación por la pandemia es alta, las personas también tienen muy claro que no pueden quedarse en casa, pues deben “salir y pelear por una oportunidad de vivir una vida digna”. De acuerdo con Tometi, es necesario reducir la inversión en la policía –pues el exceso de elementos policíacos en las comunidades más pobres, mayoritariamente afroamericanas, significa que son ellos quienes más interactúan y se enfrentan a la brutalidad de las fuerzas del orden– y redirigir esos recursos hacia trabajadores sociales, educadores, profesionales de salud mental y programas de empleo para jóvenes en situación precaria.

 

Por último, la campaña “8can’twait” asegura que, de acuerdo con datos de expertos, la aplicación de ocho políticas públicas, incluidas el veto de las estrangulaciones durante arrestos, la advertencia obligatoria antes de disparar o el veto a los disparos a vehículos en movimiento, podrían reducir la violencia policíaca en un 72%.

 

Con información de: Black Lives Matter, Huffington Post, The Feminist Wire, CNN, Variety, France 24, The New Yorker, The Guardian y 8can’twait.